
La tristeza es como ese balón medicinal que se posa sobre tus espaldas. Aunque quieras pensar que su peso no subyuga tus cervicales, sabes que esa incomodidad te acompañará durante el trayecto. Cuando duermes, la tristeza se transforma en un calor sofocante que te abofetea antes de poder conciliar el sueño. La tristeza se anuda sobre los cordones de tus zapatillas y te hace arrastrarte hasta tu próximo destino. Aquel al que acudes como la obligación que marca tu devenir. La tristeza te quita las ganas de saborear la comida. Engulles por mera necesidad fisiológica y vital, pero sin la más mínima necesidad de aportar un gramo vitamínico. La tristeza es saber que estás triste pero sin saber porqué.
La tristeza se apodera de tu sonrisa. Pero también de tus ganas de disfrutar, de tu necesidad de comunicar, de aportar, de hacer gozar. La tristeza marca una X en todos los días de aquel calendario que tenía forma de estampita. La tristeza es desear que sí, pero saber que no. Es saber que quieres pero no puedes. De vez en cuando, la tristeza se disfraza de falsa esperanza. El resto de las veces, te dice a la cara que puedes empezar a desesperarte.

1 comentario:
te amo mi amor ♥
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